sábado, 11 de abril de 2009

C'est la vie

---------------------h
---------------------a-------e
---------------------s-p-l-e-e-n
---------------------t-------------n
---------------------í----------------u
-----------------n--o--s--t--a--l--g--i--a

sábado, 21 de marzo de 2009

Rien

Ya no se puede escribir
ni una palabra
ni pensar
ni dormir
ni caminar

sin que la nada
se te filtre por los poros.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Yo-a-María

Yo amaría
Vos amarías
Él amaría
Ella amaría
Nosotros amaríamos
Nosotras amaríamos
Ustedes amarían
Ellos amarían
Ellas amarían

martes, 3 de marzo de 2009

Abre los ojos

Ayer soñé con vos. Soñé que me quedaba a dormir en tu casa. Pero tu casa era diferente, deformada, acaso otra, como suele suceder en los sueños.
En tu pieza había dos camas, cuchetas, y vos dormías en la de arriba (y es loco pensar que de hecho esas cuchetas existieron años atrás, me decís vos, cuando compartías pieza con tu hermano).
Yo no sé qué hago antes de acostarme, creo que paseo, voy al baño.
Tu casa parece muy grande, incluso noté que había dos baños, uno al lado del otro, varones derecha, mujeres izquierda.
Entro al baño de varones. El baño es más bien como un vestuario, como los de las playas, tan así que hay más gente adentro, bañándose, acaso charlando.
En algún momento salgo de ese baño-vestuario y siento la necesidad de trepar hasta tu cucheta sólo para abrazarme a vos, como más de una vez lo he hecho.
Ahora que la imagen que tengo del sueño se reduce a unas pocas cenizas, no recuerdo haberme llegado a acostar en la otra cama, en la de abajo. Pero sí recuerdo haberme despertado.
En este momento pasa lo más curioso, donde aquella casa tuya inventada y fantasiosa se une con la realidad de la mía. Porque el hecho es que no me levanto en la cucheta de abajo de tu pseudocasa, me levanto en mi cama, en mi pieza, en mi casa.
Y acá vas a pensar: lógico, ¿dónde vas a despertar de un sueño sino en tu cama?
Pero no despierto de mi sueño, despierto en el sueño, bien bien cine.
Me levanto de la cama, en mi pieza, en mi casa, y voy hasta el pasillo y llego hasta la escalera.
Este punto es particularmente importante en el sueño por varias razones.
Primero porque es lo último que me acuerdo, donde sospecho que termina.
Y segundo, bastante más importante, porque contiene un dato que, una vez verdaderamente despierto, me ayudó a distinguir las fronteras de lo que había soñado.
A ver si se entiende... en el pasillo, antes de llegar a la escalera, había algo escrito en el piso, algo de lo cual no me acuerdo casi nada, sólo que se asemejaba a una nota dejada por mis papás. Sí, pero a modo de inscripción en el piso del corredor, acaso con letras fosforescentes.
Así, cuando volví a despertar, el recuerdo de la inscripción poco usual me dio la pauta de que en realidad era la primera vez que despertaba y que anteriormente había estado soñando, soñando que iba a dormir en tu casa, en camas diferentes, en otra casa, y que había despertado dentro del mismo sueño y en mi propia pieza.
También supe entonces que la angustia que sentí en ese primer despertar, al no poder abrazarte a vos y a tu piyama, fue angustia de sueño, no de vigilia.
Y a pesar de todo hoy mis papás insistieron varias veces al preguntarme qué hacía a semejantes horas de la noche, creyendo haberme escuchado salir de mi cuarto la noche anterior.

lunes, 16 de febrero de 2009

Preludio en Mi menor, Op. 28, No. 4 (Exit Music)

-Me quiero morir.
-Muérase.
-¿Puedo?
-Sí.
-Hace frío, ¿no es así?
-Sí, cerca de treinta grados.
-Usted miente, no va a dejar que me muera.
-Es verdad, tiene razón.
-¿Y entonces?
-Te voy a matar.
-¿Por qué me tutea? Solía tratarme de usted al principio de esta conversación.
-Lo sé, lo olvidé.
-¿Por qué?
-No sé...
-Porque...
-...porque ya estás muerto.
-Ahogado querrá decir.
-Ahogado.

martes, 3 de febrero de 2009

Nada

Y aquel hombre ingresó en el salón, cabizbajo y ciego. Tanteó a su alrededor para descubrir que sólo tres paredes lo rodeaban. Acaso habría una cuarta, pero nunca pensó en seguir avanzando para reconocerla, se conformó con saber que debía estar por algún lado más allá, a sólo tres pasos.

Presa de un pensamiento atroz, giró sobre sí mismo e intentó encontrar la puerta por la que había entrado. Por un momento se figuró que debía volver, que después de esos tres pasos no habría nada.

Retrocedió, espantado. Buscó la puerta. No había nada parecido a una puerta en aquella pared. Se le nubló la vista ante semejante realidad.

Perdón, creo haber dicho que era ciego. Bueno, antes creía ver un fondo blanco. Ahora no veía nada. Ni blanco ni negro ni nada.

Cuesta imaginar no ver nada para el hombre vidente. Mi abuelo, al perder la vista de un ojo, me respondió lo mismo: nada, no veo nada. Yo imaginaba ese fondo blanco o negro. Idiota, debería haberme quedado ciego.

Entonces, el hombre se horrorizó al reconocer que sus miedos se materializaban. Regresó nuevamente hasta el lugar en que se encontraba antes y no se atrevió a seguir avanzando.

Decidió acostarse sobre el suelo e intentó no pensar. Se fregó los ojos, inútiles, y miró la nada.

Empezó a transpirar, la desesperación de ignorar dónde estaba era insoportable.

Supuso que ahí acababa todo: iba a morir, tarde o temprano, como todos.

Temió demasiado.

Tres pasos. Dio los tres pasos y cayó, ciego, por un precipicio.

domingo, 25 de enero de 2009

Aunt Polly

-JEAN!
No answer.
-JEAN!
No answer.
-What's gone with that boy, I wonder? You JEAN!